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Los ánodos de magnesio (ánodos de sacrificio) son la mejor opción para yates y embarcaciones en agua dulce. Protegen la hélice, el eje, el timón, el saildrive, los motores fuera borda y los propulsores en Z, así como otras piezas metálicas sumergidas, contra la corrosión electroquímica (galvánica). El magnesio es significativamente más «activo» en agua dulce que el zinc; gracias a ello, la corriente de protección necesaria fluye de forma fiable incluso con la menor conductividad del agua, y los costosos componentes permanecen protegidos.
En nuestro surtido (según disponibilidad) contamos, entre otras, con Lindemann, Talamex, Navyline y Tecnoseal. Las marcas se mantienen en su versión original, lo cual es importante para el ajuste, el patrón de taladrado, la calidad del material y un suministro seguro de piezas de recambio. Muchos ánodos de magnesio están disponibles en forma de kits a medida para propulsores habituales (p. ej., motores fueraborda/propulsores en Z, sistemas de eje, alerones de trimado, propulsores de proa/popa).
Importante para diferenciarlos: los ánodos de magnesio están pensados principalmente para agua dulce. En agua salobre o salada, dependiendo del sistema, se suele utilizar aluminio o zinc. Una elección incorrecta del material puede provocar una protección insuficiente (demasiado «lenta») o un desgaste innecesariamente rápido del ánodo (demasiado «activo»). Igualmente decisivo es un contacto metálico directo: la pintura o el antiincrustante entre el ánodo y el metal aíslan y hacen que la protección sea ineficaz.
Ejemplos de la gama: Kit de ánodos Lindemann Mercury Alpha One Gen. II (magnesio); kit de ánodos Lindemann Mercury Mercruiser Bravo II–III (magnesio); kit de ánodos Lindemann Mercury Mercruiser Bravo III a partir de 2004 (magnesio); ánodo de eje de transmisión Lindemann esférico corto (magnesio).
El agua dulce tiene una conductividad menor que el agua salobre o salada. El magnesio, como material de ánodo, es electroquímicamente más activo y proporciona de forma fiable la corriente de protección necesaria incluso en medios con «mala» conductividad. Por eso, en muchas zonas de agua dulce, el magnesio es la recomendación estándar para los ánodos de sacrificio en yates y embarcaciones.
En agua salobre o salada, el magnesio suele ser demasiado activo y puede consumirse muy rápidamente. Además, dependiendo de la combinación de materiales, una «sobrecarga de protección» puede ser indeseable. Para agua salobre o salada se suele utilizar aluminio o zinc, dependiendo del sistema. Si su embarcación cambia de zona (por ejemplo, verano en el mar Báltico, invierno en aguas interiores), vale la pena elegir el material adecuado para cada temporada o ubicación.
Revíselos al menos una vez por temporada (por ejemplo, al izar el barco); en el caso de embarcaciones amarradas de forma permanente o en condiciones portuarias desconocidas, es mejor hacerlo con mayor frecuencia. Sustitúyalos cuando se hayan consumido entre un 50 % y un 70 %, cuando el ánodo presente grietas o ya no esté bien fijado. Un consumo muy rápido puede indicar la presencia de corrientes parásitas, problemas en la toma de tierra o instalaciones vecinas o en el embarcadero desfavorables.
La forma viene determinada por el punto de montaje: ánodos de placa (casco/flaps), ánodos de anillo/media concha (eje), ánodos de aleta/moldeados (saildrive), kits específicos (propulsión en Z/fueraborda). Lo decisivo son las dimensiones, el patrón de taladrado y la denominación exacta del sistema de propulsión. Lo más seguro es compararlo con las especificaciones de las piezas o del kit, o con una foto del ánodo antiguo.
Las superficies de contacto deben estar limpias y sin recubrimientos: sin pintura ni antiincrustante entre el ánodo y el metal. Apretar correctamente los tornillos o clips (sin apretar en exceso); en el caso de los ánodos de anillo o de sujeción, deben quedar bien ajustados. Tras el montaje: realizar una inspección visual y comprobar que la hélice y el eje se mueven libremente. El contacto aislado es una de las causas más frecuentes de que «el ánodo se mantenga como nuevo, pero el metal se corroa».
Un desgaste desigual puede indicar un mal contacto, aislamiento parcial (recubrimiento), rutas de corriente desfavorables o mezcla de materiales. Un desgaste extremadamente rápido suele indicar corrientes parásitas o problemas eléctricos (corriente de tierra, consumidores defectuosos, conexión a tierra incorrecta). Si los ánodos se «desgastan» en poco tiempo, merece la pena realizar un diagnóstico específico (medición, empresa especializada); de lo contrario, solo se estarán sustituyendo los síntomas.
Revise los ánodos con regularidad, elíjalos adecuados para la zona de navegación, mantenga limpias las superficies de contacto y tome en serio cualquier anomalía. Combine la revisión de los ánodos con la inspección visual de las piezas sumergidas (hélice, eje, Saildrive, timón, alerones). De este modo, protegerá los componentes y evitará costosos daños por corrosión, especialmente en embarcaciones que permanecen permanentemente en el agua.